Italia a principios del siglo XVI

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En el artículo de hoy hablaremos sobre Italia en el siglo XVI, una radiografía política. Hoy en día conocemos Italia como país que, indudablemente, ha contribuido a la cultura europea desde tiempos de la República romana. Sin embargo a ninguno se le escapa que la formación de Italia como estado-nación es un hecho bastante reciente (1870). Hasta entonces, la península era, en palabras del canciller Metternich “una expresión geográfica” de la misma forma que hoy en día hablamos de Centroamérica o Escandinavia.

Durante la edad media se fueron fraguando diferentes estados que crecieron y prosperaron arrinconados entre el Sacro Imperio, la Santa Sede y el Islam, éstos estados son los mismos que experimentarán en el siglo XV y XVI el auge del humanismo europeo. Pero más allá del desarrollo cultural, hoy vamos a hablar del puzzle político de la Italia de principios del siglo XVI.

Italia en el Siglo XVI

Primero de todo nos acercamos a una península que en términos generales estaba muy poblada, pues lejos queda ya el fatídico siglo XIV y sus consecuencias demográficas. A nivel económico tenemos que destacar su prospera agricultura, una industria principalmente basada en el textil y unas redes comerciales que circulaban por el Mediterráneo y Atlántico.

Era una península muy preciada por las potencias del momento, tanto por sus recursos, su prestigio y su potencia financiera. Esto último se muestra en las familias de banqueros genoveses, que junto con los alemanes, constituían el principal capital europeo.

Esta aparente homogeneidad económica no se plasmaba en el plano político, donde no siquiera tenían una unidad moral semejante a los estados integrantes del Sacro Imperio. Según el momento el número de estados podría rondar en torno a la veintena entre repúblicas, ducados y marquesados.
La mayoría eran suficientemente pequeños para quedar relegados a un papel muy regional, solo Milán, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles tenían una verdadera relevancia territorial y política a nivel europeo. Muchos de estos estados estaban gobernados por familias descendientes de los condotieros, que eran algo así como señores de la guerra que, durante los últimos años de la edad media, consiguieron el poder en varios de estos estados.

Venecia

Primero de todo vamos ha hablar de Venecia, que se había extendido por el norte de Italia en ciudades como Verona, Brescia o Padua, además de contar con un basto imperio comercial en el mar Adriático, Jónico y Egeo, llegando a tener posesiones como Creta o Chipre. Sin embargo esta extensión marítima provocará diversos enfrentamientos contra el emergente Imperio Otomano.
En Venecia gobernaba un dux, también llamado dogo, que sería lo que hoy llamaríamos un jefe de Estado, sin embargo el gobierno real lo realizaba el Gran Consejo, formado por unos 2000 miembros. El Gran Consejo tenía la competencia legislativa y además la potestad de nombrar cargos y magistraturas. También nombraba al Senado, compuesto por unos 300 miembros, que era la institución encargada de la política exterior.
Todos estos cargos eran ocupados por la aristocracia veneciana, aunque debido a la periodicidad de los cargos, era un concepto bastante más abierto y accesible que en otros lugares de la Europa del momento.
A nivel militar, disponía de una considerable flota de galeras conducida por voluntarios venecianos y por un ejercito que le dio una importante superioridad militar frente a otros estados italianos. Sin embargo, toda esta capacidad bélica no fue suficiente para evitar la paulatina perdida de su imperio colonial. Aunque ha decir verdad el ocaso de Venecia se debe más a las exploraciones atlánticas, pues la Casa de Contratación de Sevilla con el monopolio de la América Hispánica, las compañías colonizadoras inglesas y las rutas a la especiería de portugueses y más tarde holandeses, provocaron que el mediterráneo dejara de ser el tablero principal de las rutas comerciales.

Milán

El Ducado de Milán en la Italia del siglo XVI había perdido la importancia que tuvo en la época de la familia Visconti. Durante la época de las Guerras Italianas fue una de las principales piezas de disputa entre la monarquía francesa y la hispánica. En 1535 fue ocupado por Carlos V, que más tarde lo cedería a su hijo Felipe II, pero ya para entonces el gran estado medieval de Milán se había visto reducido a manos del Papado y los suizos.

Los Estados Pontificios

Los Estados Pontificios se extendían a ambos lados de los Apeninos, eran unos territorios que tanto por su extensión como la particularidad de su gobierno tenemos que tener en cuenta. La primera advertencia es que el poder papal como gobernador secular no es tan uniforme ni sólido como cabría esperar. En los territorios de Romaña y Umbría era un gobernador puramente nominal, pues en estos territorios había habido diferentes condotieros que se habían hecho con el poder de facto y fueron investidos con títulos feudales por el Papa.
En el Lacio, el poder del Papa era más importante, pero aún así tuvo que rivalizar con algunas familias italianas como la Colonna o la Orsini, de hecho se tiene al Papa como el gobernante más débil dentro de sus propios territorios de toda la península italiana. La Curia de Roma se encargaba del gobierno secular del territorio, los negocios los realizaba un Cardenal Secretario y de la hacienda se encargaba el Camarlengo.
Durante el siglo XVI, los Papas, como varios soberanos de la época, intentaron hacer valer su autoridad frente a las diversas instituciones territoriales y la aristocracia. Esta línea política de autoridad tiene como grandes Papas a mencionar a Alejando VI, Julio II, Clemente VII y Paulo III, sin embargo y pese a los esfuerzos no lograron revertir la situación del poder interior. Los principales motivos son la temporalidad del cargo y la necesidad de atención al asedio turco y las tensiones religiosas en Europa.

Italia en el Siglo XVI
Italia en el Siglo XVI

Florencia

Sí hablamos de Florencia tenemos que hablar de la familia Médici, que logró finalizar la enquistada inestabilidad social de la ciudad y convertir a Florencia en una importante y poderosa república. Hasta entonces la institución florentina de la Signoria (la mayor magistratura de la República) era ocupada por una especie de sorteo entre varios candidatos, los Médici la modificaron para que fuera elegida por una Junta, lo que hacía que la Signoria estuviese ocupada o por la familia Médici o por amigos de ésta.
Otra reforma de los Médici fue la creación del Consejo de los setenta, encargado de nombrar a la Junta encargada de hacienda y asuntos exteriores. Como se puede apreciar, una de las herramientas políticas fue ir creando instituciones para que fueran ocupadas por otras familias y así apaciguar sus aspiraciones, mientras las magistraturas más importantes eran ocupadas por los Médici y sus clientes. Sin embargo este modelo no causo demasiado descontento porque efectivamente, la prosperidad acabó llegando a la ciudad.

Nápoles

Por último vamos a hablar de Nápoles, un reino que por su riqueza, extensión y prestigio fue ambicionado durante la edad media por normandos, franceses, italianos, musulmanes y aragoneses. Ya en el siglo XIV fue ocupado por la Corona de Aragón, de hecho, su monarca, Alfonso V el Magnánimo llevó su corte y fijo su residencia en Nápoles, dejando sus territorios de la península ibérica al mando de su esposa María de Castilla.
La posesión de Nápoles queda asegurada tras las campañas de Fernando el Católico en 1504, los soberanos hispánicos gobernaban el Reino de Nápoles a través de un alter ego llamado virrey que era asesorado por un consejo. El gobierno interior a nivel regional correspondía a diferentes audiencias integradas por tribunales y gobernadores locales, pues la nobleza terrateniente tenía un peso en Nápoles semejante a otras zonas europeas.

Para quien quiera saber más de este periodo recomiendo el manual de historia moderna Historia Moderna Universal coordinado por Alfredo Floristán. Más allá del coordinador, en la obra trabajan numerosos historiadores españoles especializados en los diferentes aspectos de ésta época. El manual es de la editorial Ariel, de 2002.

Como punto de partida para conocer la historia de la península itálica recomiendo Breve historia de Italia de Harry Hearder, de Alianza Editorial. En general la colección de “Breve historia de” de esta editorial supone una herramienta estupenda para iniciarse en el conocimiento de la historia de varios países.

Si quieres leer algo más de la Edad Moderna tienes este interesante artículo. 

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