Actualmente, no es difícil caminar por la calle y encontrarse alguna escena o cuadro japonés, ya sea en publicidad, merchandising o decoración. La globalización y el auge de la customización en ropa, pines, tazas u otros elementos cotidianos ha favorecido la difusión de no pocos estilos artísticos en la sociedad. En este caso, nos referimos al arte japonés; en concreto las Ukiyo-e o escenas del mundo flotante/cotidianas. Quizás, el ejemplo más representativo sea la Gran Ola de Kanagawa, realizada entre 1830/31 por el artista Katsushika Hokusai (1760-1849), imagen que ha sido imitada y parodiada hasta la saciedad. Su omnipresencia refleja un acercamiento capitalista por difundir esta escena artística (es decir, un interés comercial), pero quizás también un interés intelectual, pues de manera colateral, conduce hacia un sentimiento de conocer, explorar y estudiar otros artes exóticos. Por ello, no sólo la Gran Ola se hizo famosa; todo el talento de Hokusai fue comercializado y, ahora, convertido en el máximo representante del arte nipón de los siglos XVIII y XIX.
UKIYO-E: mar y placer. Contexto
El estilo artístico japonés que más ha trascendido es el género Ukiyo-e, que literalmente significa “imágenes del mundo flotante”. La gran mayoría de las escenas representan un entorno marítimo o costero, algo muy propio de la cultura japonesa, estrechamente vinculada con la vida oceánica. Aunque también Ukiyo-e muestra los placeres más carnales del humano, del mundo mortal. Hedonismo y arte, paisajes y cotidianeidad. Desde actores, actrices y vestimentas del teatro kabuki hasta hermosas doncellas rebosantes de sexualidad . Es un arte versátil, estético y armónico a la vista, cuestiones suficientes para comprender su trascendencia mundial en la actualidad. Este tipo de arte está comprendido cronológicamente entre finales del s. XVI (periodo Edo, 1600-1868) y principios del XX (era Meiji), siendo de vital trascendencia el urbanismo y la explosión demográfica que atravesó Edo (actual Tokio). La corte del shogun Ieasu Tokugawa remodela todo el palacio y la corte, convirtiendo hasta entonces la rural Edo en un centro político y económico sumamente importante . Durante el mandato de los Tokugawa, el país sufrió un cerramiento en cuanto a relaciones comerciales extranjeras, así como la reducción de contactos externos, algo que, de alguna manera, propició una esencia cultural única. La ciudad comenzó a crecer tanto en extensión como en población, superando el millón de habitantes para inicios de 1700. Al ser una ciudad casi poblada por comerciantes, tenderos y propietarios, las escenas de promoción y publicidad (tanto de productos como de servicios) de los establecimientos comenzaron a proliferar (teatros, puestos de alimentación, ropas, etc.). Las estampas e imágenes representaban una clase urbana medio-baja, pero también referentes al ámbito rural. Poco a poco el estilo xilográfico (caracterizado por el uso de colores planos, líneas de perfil y una atmósfera inmersiva) se convirtió en escuela, fundada por Hishihaka Moronobu. Muchas de las imágenes primitivas del Ukiyo-e aparecen en vertical y con unas medidas específicas. El grabado o estampado se realizaba gracias a una tinta impresa sobre un papel flexible a partir de un grabado de madera o piedra previamente tallado. Las figuras se delimitaban con la línea negra y luego otro artista coloreaba el entorno y demás detalles. Todas estas escenas presentan algún patrón descriptivo sobre la imagen, así como la escuela, autor y su correspondiente sello, elementos que facilitan considerablemente identificar la autoría de la obra y año. La temática predominante era, como hemos mencionado, la vida urbana y rural, escenas más bien contemplativas y cargadas de paz. También podemos encontrar escenas de actores teatrales, mujeres famosas, burdeles, baños, escenas eróticas (shunga) fauna o mitología.
Para mediados del siglo XVIII, la técnica de la estampa y reproducción de impresión se mejoró, por lo que los llamados nishiki-e reprodujeron a todo color escenas que antes no se podían realizar. Cada taco de impresión se pintaba con el color deseado, de tal manera que, lo que antes era limitado y caro, ahora se podía vender con mayor facilidad. Es un arte que refleja la vida de su tiempo, por lo que muchas escenas reflejan cambios sociales o aspectos culturales distintos entre varias épocas, un tesoro para cualquier historiador. Existen periodos en los que las escenas eróticas, de doncellas u ordinarias de teatro se censuraron, un marcador esencial para comprender la prohibición legislativa y el funcionamiento político. Es más, a mediados del siglo XVI, naves portuguesas e hispanas mantuvieron contactos comerciales, confirmado por varias escenas en las que aparecen personas de rasgos caucásicos, con vestimentas distintas y navíos/galeras no pertenecientes al mundo asiático.
Estética y fluctuación oriente/occidente
Como hemos descrito con anterioridad, Ukiyo-e suele mostrarse como un arte armónico y en general, de índole contemplativa. No hace falta detenerse en aquellos minuciosos detalles que pueda tener la escena, simplemente cuenta la inmersión, lo que transmite, el aura que desprende. Paisajes (rurales o urbanos), iluminación, naturaleza, la vida comercial, los teatros, cortes con su personal realizando tareas cotidianas…Todo dentro de un marco místico y espiritual que, principalmente transmite calma y serenidad. Hasta aquellas obras con fantasmas y demonios, temática sexual o mitología japonesa son capaces de provocar una extraña sensación de belleza.
Es importante tener en cuenta que la pintura estaba estrechamente vinculada por una visión budista y sintoísta. Elementos que, al menos en origen, se intentaron plasmar en las escenas. La representación de la naturaleza y paisajes (algo proveniente de China a través de monjes y viajeros, denominadas Sumi-e) no trataba de imitar ese arte, sino de comprenderlo y plasmarlo en el propio papel, adaptado a sus conceptos religiosos. La finura de las líneas, colores apastelados y paisajes oníricos componen un espacio tranquilo y fluido, como si ya hubiésemos visto esa escena en nuestro imaginario. La gran mayoría de estas imágenes se esfuerzan en representar fielmente elementos naturales, paisajes, flora y fauna, así como paisajes. Referente a esto último, Edo y su dominio rural cobra una importante relevancia, pues los artistas dibujan lugares “de moda” o en alza de ese momento. Puentes, calles concretas, palacios, etc. El elemento natural más importante es el monte Fuji, casi omnipresente en el arte japonés, pues es símbolo nacional y un importante vehículo espiritual para toda la población nipona. El monte Fuji no suele ser el protagonista, casi siempre se le puede observar ocupando el fondo, dando una sensación de profundidad. No es la figura que domina, pero siempre está.

Con la llegada de la era Meiji, en torno a 1853 (llegada del comodo Perry) y 1868 (Edo cambia a Tokio) Japón, sufre una serie de reformas considerables en torno al reordenamiento territorial, problemáticas con la sociedad feudal (samurái) y el aperturismo aduanero. Las relaciones comerciales y tratados con EE. UU no tardaron en intensificarse, hasta tal punto de que muchos artistas comenzaron a representar en sus pinturas puertos y casas de comercio. Estas imágenes representan productos, gentes y actividades de manera fiel. Este aumento comercial trajo consigo inestabilidad social, hostilidad hacia extranjeros (holandeses, franceses, americanos…) y un resquebrajamiento de la economía nipona. Esta violencia hacia comerciantes de otros lugares también es representada. La actualidad es bien conocida y plasmada por los artistas japoneses, algo que denota un profundo conocimiento de su temporalidad y acontecimientos de su entorno. Finalmente, entre 1868-1869, se reestablece la dinastía Meiji. Todo este escenario de contactos comerciales y tensiones entre occidente y oriente provocó algo importante en el arte europeo generalmente, el conocimiento de Ukiyo-e. La percepción del paisajismo y sociedad nipona llamó la atención a artistas de renombre europeos, tales como Monet, Degas, Gauguin, Renoir, Matisse o Van Gogh. El impresionismo y Postimpresionismo fueron las corrientes más involucradas en incorporar estos elementos orientales, observado en las composiciones (se rompe con la rigidez académica europea), se introducen escenas oníricas al aire libre, luces y colores más apastelados y planos, así como elementos cotidianos y terrenales de poco simbolismo aparentemente. De igual modo, ocurrió lo contrario. El arte japonés quiso aprender de la academia occidental, dando origen a otros tipos de arte occidentalizantes, como Yōga o el Nihonga.
A finales del s. XIX se acuñó el término “Japonismo”, que define a la perfección ese contacto y gusto por parte de autores europeos hacia la “moda” japonesa, un gusto que se mantuvo durante buena parte del s. XX. El gusto se centró, como cabe esperar, en las escenas Ukiyo-e a color. La influencia del estilo nipón en la pintura tradicional europea se observa en la inclusión de objetos u elementos propios japoneses (motivos florales, elementos arquitectónicos, vestimentas o escenarios muy parecidos). Más adelante, los pintores europeos asimilarán y conocerán más en profundidad el arte japonés, por lo que añadirán no solo rasgos identificables, también significados, ideales y trasfondos filosóficos que conciben la creación de la pintura.
El s. XX produjo cambios significativos en el arte occidental de manera generalizada. El asentamiento y explosión de la industrialización, los cambios sociales, tensiones políticas y las guerras mundiales provocaron una deshumanización tanto en la ideología erudita como en la manera de concebir el arte y, por tanto, la manera de plasmarlo. Las vanguardias fueron el resultado artístico de todo lo citado y es inevitable pensar que las influencias japonesas aquí desparecieron; del mismo modo que el arte tradicional. Fauvismo, expresionismo, cubismo, futurismo, surrealismo o el arte abstracto dejaron de lado todo lo anterior, borrando grosso modo todo elemento nipón existente, aunque esta idea está en debate.
Neojaponismo y actualidad
Aunque en el ámbito “académico” o artístico el arte nipón europeo se vio comprometido, su interés y protagonismo en la masa social es indiscutible. La década de los 70 fue clave para cultura pop japonesa y su difusión internacional. Esta ola es definida básicamente por ser expresada y propagada por medios digitales, redes sociales o formatos cómic-libros de índole urbano-popular. El crecimiento económico japonés y su protagonismo en Asia respecto a otros países entre los 1970-1990 facilitó su consideración como un coloso cultural y un destino exótico, que, tras su trágico pasado, supo combinar lo tradicional con lo nuevo, concepción actualmente mantenida. El aperturismo de las naciones herméticas (desaparición parcial de dictaduras europeas) o la globalización fueron aspectos cruciales para la difusión de una nueva ola de influencia en occidente; esta vez en forma de series, libros/manga, películas y videojuegos.
Podemos destacar principalmente el anime (en 1960, animēshon) y el manga (man-informal / ga-dibujo). Caracteres internos como los Mecha (robots gigantes), Kaiju (monstruos gigantes como Godzilla) o el viaje del héroe arquetípico del samurái (cine de Akira Kurosawa) redimido cautivaron al público europeo por su frescura e innovación. También destacamos el éxito mundial de iconos pop como Sin-Chan, Doraemon, Hello Kitty, Mazinger Z, Heidi, Marco, Akira, Ghost in the Shell o Dragon Ball. No debemos olvidar la importante estética Kawaii, recurso caracterizado por alcanzar los tonos más dulces, agradables o infantiloides posibles (inocencia).
Entrado el s. XXI, la difusión digital, redes sociales y movimientos sociales actuales han retomado curiosamente la presencia del arte tradicional japonés. Obviando que quizás sí sea una cuestión en parte comercial, no debería dejar de celebrarse, pues ese interés y percepción del Japonismo como algo elitista o erudito, ha trascendido hacia la masa, el público. Es incuestionable que, al observar alguna escena marítima o paisaje, no nos transportemos a esa época y queramos saber más de la pieza, su artista y contexto. Al fin y al cabo, el ser humano es propenso a descubrir, querer saber más e investigar. De eso trata el negocio comercial, importar y exportar arte y producto, Compartir e intercambiar cultura.
Todo icono pop japonés se ha visto considerablemente beneficiado por su explotación en Merchandising (Comercialización), apareciendo en estuches, bolsas de tela, camisetas, cuadernos, bolígrafos, cuadros, pósteres o cualquier elemento de uso cotidiano.
El arte japonés y elementos pasaron de una esfera elitista en el contexto del arte a ser un icono o referente popular. Los reyes, Godzilla y la Gran Ola de Kanagawa son los claros referentes del arte japonés, arte internacional. De referencia oriental a icono occidental.
Bibliografía
-ALVARADO LÓPEZ, María C., (2021), “El grabado japonés Ukiyo-e y su influencia en la publicidad de finales del siglo XIX”, Universidad de Valladolid.
-MARKS, Andreas (2024), Hiroshigue Eisen; The sixty Nine stations along the Kisokaidō, Taschen, Barcelona.
-RHIANNON, Paget (2024), Hokusai, Taschen, Barcelona.
-MÚGICA ESNARRIAGA, Beatriz (2018), “La presencia del arte japonés en occidente. El arte zen en la obra de Prado de Fata”, Trabajo Fin de Máster, Universidad del País Vasco.



