Lucha de gigantes. Una historia naval de la Primera Guerra Mundial

La imagen popular que tenemos de la Primera Guerra Mundial se reduce a los enfrentamientos terrestres en el escenario europeo y a la guerra de trincheras, destacando batallas tan conocidas como la batalla del Marne, del Somme o la batalla de Verdún. Poco han calado los enfrentamientos navales que tuvieron lugar durante el conflicto, más allá de la actividad submarina desarrollada por los alemanes durante gran parte de la guerra. Roberto Muñoz Bolaños, especialista en historia militar, viene a desmentir esta visión con su obra Lucha de gigantes. Una historia naval de la Primera Guerra Mundial, publicada por Desperta Ferro, en la cual busca hacer hincapié en la importancia que tuvo el choque naval en el desarrollo del conflicto.

La obra comienza con una introducción donde se explican las causas que llevaron a la Primera Guerra Mundial, no por más conocidas menos necesarias. A su vez, el autor ahonda en la corriente que surgió a finales del siglo XIX conocida como “navalismo” que defendía la importancia de contar con flota potente y superioridad naval para poder ser una potencia hegemónica y que encontró su principal portavoz en la figura de Alfred Mahan y su obra The influence of the sea in the history. Estas teorías tuvieron una gran influencia tanto en Inglaterra como en Alemania, que entraron en una carrera naval por desarrollar y perfeccionar sus flotas en los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial y que encontró su culmen con la aparición del acorazado monocalibre, conocido popularmente como dreadnought, así como en los cruceros de batalla.

Además, el autor realiza un breve análisis de la situación en la que se encontraba el programa naval de los estados que luego participarían en el conflicto. De esta forma podemos ver que la principal potencia naval era Gran Bretaña, sobre todo en el Atlántico, pero que tendría que hacer frente a otros escenarios de guerra por sus posesiones en ultramar. La otra gran potencia naval, Alemania, también con una fuerte presencia en el Atlántico y en el mar del Norte, contaba con algunas ventajas técnicas respecto a la flota británica en lo referente al blindaje y la efectividad de sus cañones, pero no superaba la fuerza de los británicos en el mar abierto. En el Mediterráneo y el Adriático, Francia e Italia estaban muy por detrás de las otras potencias, mientras que el Imperio Austro-Húngaro contaba con una de las marinas más eficientes del momento, lo que le dio gran preeminencia en esos escenarios. Por otra parte, la flota rusa se encontraba muy debilitada tras la guerra contra Japón de 1905, contando con dificultades de maniobra en el mar Báltico ante Alemania, pero salvando la papeleta en el mar Negro debido a la escasa fuerza de la flota otomana. En el Pacífico, por su parte, se encontraban dos de las flotas más pujantes de esos años: la japonesa y la estadounidense.

A la hora de abordar el conflicto, el autor realiza un desglose anual de las actividades bélicas, a su vez dividiendo cada año en los distintos escenarios que hubo en la guerra, siendo estos escenarios el Atlántico y el mar del Norte, el mar Mediterráneo, el mar Adriático, el mar Báltico, el mar Negro y el río Danubio. Dentro de dichos escenarios se presta una mayor atención al Atlántico y el mar del Norte al ser el foco de actuación principal de las potencias navales hegemónicas que eran Gran Bretaña y Alemania. Esta división cronológica y geográfica nos permite una mayor comprensión de cómo fue evolucionando el conflicto año a año y la variedad de escenarios a los que tuvieron que hacer frente los beligerantes, así como sus distintos cambios de estrategia, permitiendo una mayor comprensión del choque naval. De esta forma vemos como en 1914 hubo varias escaramuzas entre Gran Bretaña y Alemania, teniendo su culmen en la batalla de la bahía de Heligoland, que hizo que los germanos perdieran el control de los océanos y su capacidad para actuar en mar abierto. En 1915, tras el estancamiento de la guerra, Gran Bretaña estableció como objetivo bloquear económicamente a Alemania, evitar una posible invasión de Inglaterra y garantizar suministros a sus aliados, lo que llevó a uno de los desastres más conocidos de la historia reciente del Reino Unido como fue el desastre de Gallipolli, donde las fuerzas otomanas rechazaron el intento británico de tomar los Dardanelos, mientras que los alemanes se debatían en desarrollar una guerra submarina o intentar acciones limitadas contra la costa inglesa, lo que llevó a la batalla de Jutlandia, principal choque naval de la Primera Guerra Mundial y que, si bien hubo mayores pérdidas británicas, se confirmó la imposibilidad alemana de vencer directamente a su flota. A partir de ese momento, Alemania recurrió al uso de la guerra submarina y buscó forzar el abandono de Rusia de la guerra, debido a la debilidad que padecía su flota en la zona del Báltico y las malas condiciones de vida de la misma, que llevó al estallido de diversos motines. 1917 fue el año que transformó el conflicto después del abandono ruso tras el triunfo de la revolución bolchevique y la entrada de Estados Unidos en la guerra, motivada por la guerra submarina alemana, que provocó el hundimiento de varios barcos estadounidenses. La entrada de Estados Unidos facilitó el freno a la guerra submarina gracias a la ampliación de convoyes de protección y al apoyo aéreo.

Todo el apartado dedicado al conflicto viene complementado por distintos mapas donde se muestran los distintos escenarios en los que tuvo lugar la guerra naval, así como los movimientos ocurridos en los principales choques navales, facilitando la comprensión de la táctica y estrategia desarrolladas en la misma.

En resumen, una obra que hará las delicias de los aficionados a la historia naval. Si quieres leer más reseñas, puedes hacer click aquí.